El compositor Alemán Hans Pfitzner fue un hombre que murió en un injusto olvido y cuya obra había sido lamentablemente marginada hasta hace poco, cuando empezó a recibir bastante difusión, La vida de este hombre fue muy azarosa y terminó en un asilo de ancianos en algún lugar de la vasta tierra germánica. Un asilo de ancianos es siempre, allá y aquí, un lugar triste y melancólico; tiene ya algo de cementerio y de miseria, de resignación y de carestía de todo. Estamos en el año 1949, en esa Europa que se arrastra magullada, vendando sus abundantes heridas... Este asilo no es como los demás, algo le diferencia de ellos, o al menos en nuestra historia nos interesa más que los otros: se trata de un anciano, un anciano de 80 años, el cual, aprovechando sus últimas energías, cual si avaricioso quisiera explotarlas hasta en sus más ligeros rescoldos, ensucia aún unas mugrientas hojas, insertando en ellas, signos, notas, temas musicales, comentarios... salen así de esa pluma temblorosa un concierto para violonchelo, un cuarteto, un sexteto de cuerda, y hasta una cantata. "Urworte orphisch" de Goethe.
¿Quién es este, al parecer, compositor solitario, que espera aquí la muerte, abandonado de todo discípulo, de seguidores o escuelas, soportando él mismo su propia y aplastante miseria? Hans Pfitzner es su nombre, nadie sabe más de él, salvo que se trata de un viejo excéntrico, obsesionado en escribir y escribir en un papel pautado la que sería su última obra ¿Pero quién es ese Pfitzner, acaso se trata sólo de un viejío egocéntrico y soberbio, de esos que abundan, pedante, o nos hallamos ante un genio?
¿Qué quién es ese Pfitzner? ¿tan mala memoria tiene ese mismo pueblo que hace tan solo pocos años escuchaba y aplaudía sus obras, representadas en los mejores teatros de la nación, y dirigidas por los más prestigiosos directores del mundo? ¿tan olvidadizo es, que no recuerda el nombre de aquél que llegó a ser, junto a Strauss, una de las más relevantes figuras de la música europea de entreguerras
¿Hans Pfitzner? Para conocerlo realmente tendríamos que remontarnos a mucho tiempo atrás para seguir sus pasos por este mundo, su lucha, tenaz y mantenida, a la vez que dura y difícil, su convicción al defender sus propias ideas, su exaltación al afirmar sus postulados, sus ataques despiadados contra sus enemigos, la absoluta sinceridad (y brusquedad) de su carácter, y, ante todo, por encima de todo, la genialidad de su inspiración, capaz de crear una música que el mundo, aún, no ha querido reconocer, pero que no puede ya negar.
Nació este anciano en Moscú, el 5 de mayo de 1869, hijo de Robert Pfitzner, director de orquesta del Teatro del Estado de Frankfurt. La primera formación musical la recibió, obviamente, de su padre, a la vez que estudiaba en el Conservatorio de la misma ciudad. Ya a los veintitrés años, consigue trabajo como profesor en el Conservatorio de Coblenza e inicia la composición de una de sus grandes obras, "Der arme Heinrich" (El pobre Enrique), después de haber creado ya gran número de lieder y musicado "El Festival de Solhang" de Ibsen, así como realizado una obra para contralto coro femenino y orquesta, titulada "Der Blumen Rache" (la revancha de las Flores).
Un año después, en 1893, obtiene su primer éxito artístico, al ejecutar sus propias obras en un concierto en Berlín. Ello le anima a continuar por el camino emprendido; su reconocido talento musical y literario le vale el segundo puesto de maestro de capilla en el teatro de Maguncia, cargo que merece después del estreno de "Der Arme Heinrich", que había tenido lugar, con éxito. en esta misma ciudad, el año anterior.
Se traslada a Berlín en uno de esos continuos cambios de residencia que serán constante en su vida , donde fue profesor de composición en el "Sternschen Konservatorium". en 1899, contrae matrimonio, circunstancia ésta que influye poderosamente en su vida y su obra, pues que, poco después, animado por sus incipientes triunfos, su favorable situación económica y alentado extraordinariamente por su esposa, empieza a trabajar en "Die Rose von Liebesgarten" (La Rosa del Jardín del Amor), obra que estrenará en Elberfeld en 1901.
Continúa su labor de composición, poniendo música a "Al Käthchen von Heilbronn" (el gatito de Heilbronn) de Kleist, y a "Christelflein", de Stach. En esta época se traslada a Strasbourg, como director del Conservatorio del Estado, pasando seguidamente a ser director del teatro de la ópera de dicha ciudad. Durante su labor en este empleo desarrolla una programación de acuerdo con sus ideas estéticas, iniciando ya ahora una lucha artística que le acompañará hasta su muerte, y por la que se verá relegado al olvido en que morirá. Combate duramente a sus enemigos artísticos, Schönberg, Schreker,Weil, Mahler, a numerosos seguidores de estos y a varios impresionistas franceses. Contrario decidido de ciertas tendencias dodecafónicas y atonales, no vacilará en poner todo su empuje al servicio de su ideal artístico, sin pensar en las graves consecuencias que una tan sincera y decidida postura podrían reportarle en el futuro. Pfitzner era un outsider al que no le importaban las modas. Era un romántico a contrapelo, un apasionado que decidió, contra viento y marea, seguir la senda clásica marcada por Brahms. Ello no obstante, por ahora, su esforzada labor y sus constantes y brillantes trabajos, literarios y musicales, le valen ser nombrado doctor "honoris causa" en filosofía por la Universidad de Strasboug.
En 1917 estrena su ópera más conocida, "Palestrina", dirigida por el gran Bruno Walter. Pese a la tenaz oposición de sectores musicófilos muy determinados, Pfitzner continúa su tarea, alcanzando un clamoroso éxito con su cantata "Von deutscher Seele" (del alma alemana) , pese a que no resulte ser de lo mejor del compositor. Premios, condecoraciones y distinciones se suceden en esta época, uniéndose a una vida intensamente sentida una prometedora carrera, entristecidas ambas, tan sólo, por la muerte de su esposa acaecida en 1926, y que sume al compositor –otra vez- en un profundo estado de melancolía. Ello no es obstáculo, no obstante para detener su afán de compositor, consiguiendo dar forma a su último gran drama, "Das Herz" (El Corazón), cuyo estrenó constituye un éxito sin precedentes en la carrera del compositor. Podríamos considerar, con toda justicia, el año 1931 como una de las dos fechas más importantes en la vida de Hans Pfitzner: su reciente obra "Das Herz" es estrenada simultáneamente en Berlín y en Munich, alcanzando más de 20 representaciones y siendo dirigida en una y otra ciudad por Wilhelm Furtwängler y Hans Knapperstbusch, los dos titanes de la época de la dirección musical- respectivamente. El hecho de que ambas grandes figuras dirijan, con clamoroso éxito, este último drama, en las dos capitales alemanas, constituye casi como la definitiva consagración de Pfitzner, considerado entonces como figura destacada de la composición alemana, junto a su compatriota Richard Strauss.
La hasta entonces difícil etapa de un autor largamente perseguido y combatido parece apuntar a su fin, para dejar paso a un período de gloria y libertad, en el que la dedicación a la música y a la literatura pueda ser completa, sin trabas ni dificultades. Lejos estaba por aquel entonces, no obstante, el artista, de prever la tristeza de su fin; por aquellos años se limitaba a vivir intensamente la felicidad de ser uno de los compositores más aplaudidos de Alemania.
Pese a la trágica situación que su país atraviesa, sumido en un estado de miseria, de inflación y crisis, con la República de Weimar, pese a los radicales cambios habidos en dicho país en 1933, pese a los profundos trastornos sociales operados por el nuevo régimen y a los graves problemas planteados en esta época, Pfitzner puede vivir momentos de esplendor, que irán en crescendo hasta 1939, la segunda gran fecha de su carrera de compositor.
En este año, en pleno apogeo de la Alemania nazi, se vive en un ambiente musical destacable; grandes figuras de la composición y la dirección europea del siglo XX disfrutan en estos años del mayor apoyo popular y estatal, dirigiendo o estrenando sus propias obras; podríamos citar, entre otros, a Strauss, Elmendorff, Furtwängler, Böhm, Knappersbusch, Abendroth, Lehar, Kraus, Karajan, etc. cuyos nombres son ya exponente del elevado nivel musical y artístico alcanzado. Justamente el año 1939, en los albores de la guerra mundial, supone el apogeo de la actividad musical de la Alemania de entreguerras Precisamente en ese mismo año cumple Pfitzner los setenta. Ésta efemérides se celebra de forma solemne por todo el país: los teatros de ópera representan todas las obras del compositor
Pero es entonces que sale de nuevo, la personalidad del rebelde, del outsider antiautoritario, y se enfrenta con los nazis. Ya había tenido un problema con ellos al defender con ahínco a su amigo el gran director de orquesta judío Bruno Walter. El colmo, y con ells su definitiva marginación por parte de los nazis, llegó cuando se negó a musicalizar el drama de Shakespeare Midsummer Night's Dream para sustituir la genial obra que al respecto había compuesto Felix Mendelssohn, a quien los nazis odiaban por haber sido judío. Pfitner sencillamente le dijo a Goebbels, quien le hizo la solicitud, “La obra de Mendelssohn es insuperable y me niego a tratar de sustituirle para complacer un absurdo capricho racial”. A partir de ese momento los nazis lo defenestraron del parnaso cultural alemán y lo arrojaron a la más abyecta pobreza
Con el advenimiento del fin de la guerra y la catástrofe subsiguiente, la actividad musical alemana acaba por desaparecer. Pfitzner se traslada a Viena, y posteriormente a Garmish Partenkirchen, y desde estos momentos se inicia la lenta y angustiosa agonía. El compositor tiene 76 de edad, se halla medio ciego, y carece en absoluto de recursos para sobrevivir. No disponía ya ni de lo indispensable y si puede continuar una lánguida existencia, llena de miserias, ello es debido a los donativos que recibe por parte de quienes sienten compasión, no por el genio destrozado, sino por el anciano arruinado y débil. Incluso algunos de sus enemigos artísticos acaban enviándole paquetes de comida para evitar que muera de hambre en cualquier calle, como un perro.
Así, arrastrándose, viviendo de limosnas de antiguos conocidos, perseguido por haber mantenido su dignidad y sus opiniones contra el horror del fascismo. Pfitzner da con sus huesos destrozados en un asilo de ancianos que piadosamente lo aceptan, y en el que lo hemos hallado al principio de nuestro relato. Pero no se resigna a esperar la muerte. Decide emprender una composición final. Un Trío para Piano, Chello y violín .
Hans Pfitzner pagó no querer bajar la cabeza frente a sus enemigos : En una fosa común se habría perdido su cuerpo, totalmente desconocido, si no hubiera sido porque un mes antes de su muerte, con motivo de su 80 aniversario, la ciudad de Salzburgo se acuerda del malogrado compositor y se propone suavizar sus últimos años. Pero la promesa de ayuda llega demasiado tarde y Pfitzner muere el 22 de mayo -el mismo día, interesante coincidencia, en que naciera su compositor más admirado, Richard Wagner
Hans Pfitzner, el injustamente olvidado, el brutalmente marginado. Hans Pfitzner, el deliberadamente humillado y perseguido, el que amó con locura a Berenice von Wenzel sólo encuentra, como tímida reparación en la tierra, un humilde, solitario y silencioso entierro que la Orquesta Filarmónica de Viena sufraga para evitar que su cuerpo vaya a parar a la fosa común.