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Uno de los momentos estelares más conmovedores (pero menos conocidos) de la historia mundial de la megalomanía lo dieron los sátrapas Sukarno y Kim il Sung cuando éste, de visita en Indonesia, recibió del pretendido líder del tercer mundo un hermoso y original regalo con el cual coronar a su de por sí descabellado culto a la personalidad: una flor, o más bien, el nombre de una flor.
Corría el año de 1965, se vivía el cénit de la guerra fría y Sukarno radicalizaba sus posiciones frente occidente y contra todo aquello que le oliera a “imperialismo”. De hecho, Indonesia se había retirado ese año de la ONU e incluso se distanciaba de la postura del Movimiento de los No Alineados (que fundara junto con Nehru años antes) para acercarse a China, Norcorea y Vietnam del Norte en un eje al que pretendió llamar Conferencia de las Nuevas Fuerzas Emergentes (CONOFO, ¡ese curioso amor de Sukarno por las siglas extravagantes!).
Fue, pues, dentro del marco de esta militancia antiimperial que estos dos ególatras paseaban un día por el Jardín Botánico de Bogor cuando el Gran Líder Kim Il Sung se detuvo ante una planta que le llamó poderosamente la atención. Dice la versión oficial del encuentro que se trataba de una hermosa flor “cuyo tallo se erguía firme, sus hojas se extendían graciosamente y sus flores rosas mostraban su elegancia y belleza”. Kim halagó la admirable flor. “¿Cómo se llama esta lindura, esta delicadeza que ofrece una sensación tan vivida y misteriosa por sus galanuras de color violeta?”, preguntó el dictador de Norcorea, a lo que su anfitrión, conmovido y obsequioso, contestó después de pensar un poco “Se llama kimilsungia”. “¿Cómo dices? ¡Tiene mi nombre! ¡Pero eso no es posible! “Sí es posible, camarada”, respondió el líder indonesio. “es una flor que han descubierto mis botánicos. Pensábamos llamarla flor del sol por su incomparable belleza, pero la llamaremos kimilsungia en honor a ti y a las grandes hazañas que has logrado en aras de la humanidad”. Kim protesto “en repetidas ocasiones”, según reza el cuento oficial. No podía aceptar tan grande honor, era demasiado para él, que sólo era en genio más grande del universo y bla, bla, bla”. Pero al final la tenacidad de Sukarno se impuso y la flor como Kimilsungia quedó, “Con el deseo de seguir y aprender de su incomparable ejemplo con entusiasmo y en medio de unánime anhelo de los pueblos progresistas del mundo”.Ahora bien, el problema con la recién bautizada flor, en realidad una subespecie de begonia purpura tropical, no podía darse en los ásperos climas que prevalecen al norte del paralelo 38 que divide a la península de Corea. Por esa razón el “Mariscal Padre” ordenó que un equipo de botánicos trabajara por más de una década para lograr una variedad físicamente idéntica a la kimilsungia original que el tirano había visto en Indonesia pero adaptada al clima continental y con floración justo para el cumpleaños del Incomparable Líder (15 de abril). Esta florecilla violeta del jardín botánico de Bogor que abre sus pétalos de par en par todas las primaveras es, quizá, la alabanza más grande entre todas las millones que en vida recibió ese ególatra colosal de Kim Il Sung.
Pero, momento, que la cosa ni de lejos termina aquí. El inmenso logro nacional que significó para los norcoreanos adaptar a su clima a la hermosa kimilsungia desató una febril pasión nacional por la floricultura, lo que aunado a la otra gran pasión nacional vigente en aquellos lares, halagar a sus magníficos dirigentes, dio lugar a un logro aún más portentoso: la creación de la estupenda kimjonilia. En 1988, tras dos décadas de investigaciones genéticas, un destacado botánico japonés contratado ex profeso logró, con motivo del cumpleaños del entonces delfín Kim Jong Il, terminar de desarrollar una espectacular begonia gigante roja la cual, y esto es lo más increíble, florecía en febrero a tiempo para el cumpleaños del Querido Líder, quien quedó complacidísimo. Obviamente, la nueva flor no podría llamarse de otra manera, así que el botánico japonés “tuvo el honor” de bautizarla como kimjongilia. Con sus copos grandes y rojos, hojas de forma cardiácea y tallo grueso y lozano, esta flor, (al contrario de la kimilsungia que nunca ha sido reconocida como tal) fue registrada oficialmente por la Sociedad Internacional de Floricultura como nueva variedad de la familia de begonia. Además, en 1995 quedó constituida por primera vez en Suecia la Asociación de Kimjongilia de Europa del Norte, lo cual dio a conocer una organización internacional que tomara por objetivo la proliferación de dicha flor. Desde entonces países como China, Indonesia y Japón, abrieron invernáculos específicos de Kimjongilia. También se abrieron la Asociación de Kimjongilia de Mongolia (1997), la Sociedad de Amantes de Kimjongilia de Japón (1998) y la Asociación de Kimilsungia y Kimjongilia de América (fundada en Estados Unidos en 2004). En efecto, el éxito de la “kimjongilia” ha llegado a países enemigos del régimen de Pyonygang, como el Reino Unido o incluso Estados Unidos. Sin ir más lejos, la flor del “Querido Líder” se hizo con el primer premio en la Exposición de Begonias celebrada en California en 2004.
Año con año se celebran en Pyongyang gigantescos ferias para exhibir las kimilsungias y las kimjongilias, siendo las dedicadas a la flor que honra a Kim Jong Ill las más exitosas, lo que sea de cada quien. En estas ferias se celebran concursos en los que participan todos los ministerios, municipios, grupos sociales y empresas estatales, que pugnan por triunfar con recargadas composiciones florales en macetas decoradas con pistolas, kalashnikovs, y otros bonitos motivos revolucionarios. Incluso últimamente se han visto imágenes de bombas atómicas en tan exquisitos arreglos.
De hecho, que Kim Jong Il haya llenado el país de kimjongilias se interpreta como una variación de su culto de la personalidad. Si el padre fomentó su adoración con enormes esculturas y reproduciendo por doquier su imagen ad infínitum, el vástago, más humilde, desvía el culto a su persona hacia la alegoría revolucionaria que representa el rojo carmesí de los pétalos de la “kimjongilia”, símbolo, bajita la mano, de la inteligencia, el amor, la justicia y la paz, y de pasada representa también la idea “juche”, esa tan original que “ideara” Kim Il Sung y que sitúa al individuo como el centro del universo.
La feria de las kimjonilias es considerada como “el gran jardín de devoción ferviente al Dirigente Kim Jong Il por el pueblo coreano y la humanidad progresista”, y el hecho de que la kimjongilia ya se cultiva y comercializa en más de 60 países, desde China a Madagascar pasando por Europa, hace que esta flor sea la mejor embajadora del siniestro régimen norcoreano “gracias a cuya la inmarchitable naturaleza, la personalidad del dirigente Kim Jong Il y la dignidad de la nación coreana llegan como rayos del sol a todas almas humanas” .
Y, con todo, Corea del Norte no se conforma. Va por más, que ya se vislumbra en el horizonte la aparición de un nuevo líder a quien lisonjear. No habrá comida suficiente en el país, pero ¡que caray! lo que si hay es todo un centro de investigación dedicado ya no sólo a las kimislungias y a las kimjongilias, sino ahora a desarrollar una kimjungunia, en honor a Kim Jung Un, el jovenzuelo hijo del ya decrépito Kim Jong Il, quien aparentemente ha sido designado sucesor. Habrá que esperar para ver el nuevo portento. Por lo pronto, muchos norcoreanos han de suspirar mientras ven tan lindas florecillas "¡Lástima que no son comestibles".
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