por Pedro Arturo Aguirre
¿Qué papel desempeñó su “santidad” el Papa (im) Pio XII durante los crudos años del holocausto nazi? La mayoría de los historiadores le reprocha su ominoso silencio ante las atrocidades hitlerianas contra los judíos, mientras que sus defensores afirman que “hizo todo lo posible” considerando las adversas circunstancias que el Papa debió afrontar con casi toda Europa ocupada por los alemanes. Pero lo que es inobjetable y bastaría para poner a Pío XII en la lista de los peores papas de la historia es la irrestricta complicidad del Vaticano con el sanguinario dictador croata Ante Pavelic, quien con el apoyo nazifascista instauró una ominosa dictadura totalitaria y expresamente “racista y católica” en Croacia causante del exterminio de cientos de miles de judíos, gitanos, musulmanes y serbios ortodoxos. Al finalizar la guerra, el Vaticano no dudó en utilizar todas las armas de su enorme influencia diplomática y política para que el carnicero Pavelic jamás cayera en manos de la justica internacional.
Los crímenes de Pavelic hacen palidecer a todos aquellos perpetrados por los criminales de guerra serbios Karadzic, Milosevic y Mladic en épocas más recientes y deben ser recordados no sólo para que jamás se olvide esta página negra en la historia de los Balcanes, sino para evitar que el Vaticano borre de la memoria colectiva el que ha sido uno (dentro de muchos) de sus más graves crímenes lesa humanidad.
Ante Pavelic era un abogadillo que inició su carrera política en el movimiento nacionalista croata. Nacionalismo, el refugio predilecto de los canallas. Elegido diputado nacional en 1927 durante los años del incipiente reino de los serbios, croatas y eslovenos, en el Parlamento bregó por la independencia de Croacia hasta que en enero de 1929 el rey Alejandro instauró una dictadura, disolvió el Parlamento y estableció Yugoslavia. Pavelic se refugió en Italia y formó la Ustasha-Hrvatska Revolucionarna Organizacija (Organización Revolucionaria Croata Insurgente), grupo relativamente pequeño, sin ideología clara y dedicada a actividades terroristas. Desde el principio las naciones vecinas a Yugoslavia le ofrecieron apoyo a esta y a todas las formaciones que buscaban desmantelar al nuevo reino yugoslavo, insatisfechas -como estaban- de la redistribución de las fronteras balcánicas fruto de los Tratados de Versalles. Las actividades terroristas de los ustashas tuvieron su cénit con el asesinato en Marsella del rey Alejandro y el ministro de Asuntos Exteriores francés, perpetrados en 1934, tras lo cual Pavelic radicalizó sus posiciones. Adoptó un rabioso discurso antisemita y afianzó su alianza con los fascistas italianos. Más significativo fue que postuló para Croacia una especie de nacional-catolicismo, cosa que mucho complació a otro de los principales promotores de los ustashas: el Vaticano.
La invasión nazi a Yugoslavia de 1941 permitió que se concretara el sueño de Pavelic y sus ustachas. Croacia se convirtió en un estado formalmente independiente (el NDH), aunque supeditado a la Alemania nazi, además de que debió ceder partes importantes de su territorio a Italia y Hungría. Eso sí, de forma arbitraria los ustashas recibieron a Bosnia-Herzegovina como compensación. Pavelic se convirtió en el Poglavnik, la versión de “Fuerer” o “Duce” croata, de una feroz dictadura, y como parte consustancial del estilo fascista de gobierno el líder se dedicó a prohijar un intenso culto a la personalidad. Pero el problema era que había muy poca personalidad a la cual hacerle culto. El pobre carisma del tirano croata dificultó mucho las cosas. Era un hombre gris, pésimo orador, acomplejado irremediable que por más que estudiaba, para imitarlas, las gesticulaciones y poses de Hitler y Mussolini jamás lograba prender a sus auditorios.
Fue la iglesia católica la que le otorgó a tan infame régimen un cierto cariz de originalidad al enfatizar el carácter de “cruzado católico” del Poglavnik, un héroe consagrado a la purificación de la raza croata mediante el exterminio de las poblaciones serbias ortodoxas, judías y musulmanas. Por eso la iconografía propagandística de los ustachas aludía casi siempre al presunto cometido religioso de la depuración. La Iglesia Católica consideraba a Croacia el último baluarte en los Balcanes contra la Iglesia Ortodoxa. Los sacerdotes comprometidos con la dictadura (y fueron la mayoría, en especial los franciscanos) alababan al sátrapa desde el púlpito señalando su intrínseca grandeza y oraban públicamente por el éxito de su labor exterminadora. Se organizaban grandes tedeums en ocasión de los cumpleaños del Poglavnik. El Arzobispo de Sarajevo le dedico al jefazo una larga y espeluznante oda que se hizo famosa en Croacia, este es uno de sus párrafos:
“Oda al Dr. Pavelic”.
“Contra los judíos angurrientos con todo su dinero,
que querían vender nuestras almas,
traicionar nuestros nombres,
¡esos miserables! “
Tú eres una roca sobre la cual descansa la patria y la libertad en uno.
Protege nuestras vidas del infierno,
Del marxismo y del bolchevismo”.
La prensa católica se deshacía en halagos hacia el dictador: "Dios, que controla el destino de las naciones y dirige el corazón de los reyes, nos ha dado al Dr. Ante Pavelic y ha movido al líder de un pueblo amistoso y aliado, Adolf Hitler, a emplear sus tropas victoriosas para dispersar a nuestros opresores y permitirnos crear un Estado independiente de Croacia. Gloria a Dios, nuestra gratitud a Adolf Hitler, e infinita lealtad al jefe Dr. Ante Pavelic".
Así dio esta misma prensa la bienvenida a las tropas nazis cuando entraron en Zagreb en 1941: "La Iglesia Católica, que ha liderado a la Nación croata espiritualmente por más de 1,300 años de dificultades, acompaña con regocijo y felicidad al pueblo Croata en este momento de su reconstrucción e independencia política.""....Con sincero júbilo y placer le damos la bienvenida a la fundación de la NDH. Nuestra gratitud es particularmente para aquellos sacrificados y desprendidos luchadores quienes bajo el liderazgo del líder Ustasha Poglovnik Dr. Ante Pavelic, preparó el camino para la proclamación de la NDH".
La reiteración del título de Dr. en estas notas no es casual. Pavelic, que obtuvo este grado en la Universidad de Zagreb, castigaba como un crimen omitir su doctorado cuando se hacía referencia escrita u oral al líder. De ese tamaño eran los complejos del señor.
El 14 de abril de 1941 el arzobispo primado de Croacia, Alojzije Stepinac, se reunió con Pavelic para transmitirle su felicitación al tiempo que repicaban todas las campanas de las iglesias católicas del país para celebrar la victoria fascista. Este Stepinac recibió el nombramiento de Supremo Vicario Apostólico Militar del Ejército ustasha y se convirtió en el principal patrocinador espiritual del régimen. Hizo que el Papa recibiera en audiencia a Pavelic y aunque el vaticano jamás reconoció formalmente la independencia croata, el delegado apostólico tenía, en los hechos, rango de embajador, iba y venía entre Zagreb y Roma y los obispos se comunicaban sin trabas con él. Stepinac se encargaba de informar a Roma de los acontecimientos croatas y fue por su conducto que la Santa Sede enviaba un buen número de directivas a los obispos, como aquella infame en la que el Vaticano enfatizaba su preocupación acerca de los conversos potenciales al catolicismo que optaban por el bautismo por “razones equivocadas”, siendo esas “razones equivocadas” consecuencia del pavor y la necesidad de los conversos de evadir su exterminio. Era obvio que el Vaticano estaba al tanto de lo que estaba sucediendo en la Croacia del Poglovnik.
Pero hay más, la jerarquía católica no sólo apoyó al régimen Ustasha santificando y adulando continuamente a Pavelic. Muchos sacerdotes franciscanos acompañaban las procesiones de muerte en Croacia, que iban de aldea en aldea, obligando a todos los ortodoxos a confesarse o a morir de la manera más cruenta. Incluso no fueron pocas las ocasiones en que los religiosos tomaron en sus manos el liderazgo de las masacres. De hecho, el más grande y notorio campo de concentración del país, Jasenovac, fue administrado por un fraile franciscano, Miroslav Filipovic. Después de finalizar la segunda guerra mundial y ser apresado, durante su juicio este señor confesó haber supervisado personalmente el asesinato de miles de serbios judíos.
Ante Pavelic fue el verdaderamente gran carnicero de los Cárpatos. Durante sus cuatro años de dictadura en Croacia se ejecutó a más de 750,000 serbios ortodoxos, judíos, musulmanes y gitanos. De los 80,000 judíos que había en Yugoslavia antes de la guerra, 60,000 fueron asesinados, la gran mayoría de ellos en Croacia. Al contrario de lo que sucedió en otros regímenes fascistas, su tiranía estuvo fundamentada más en la afiliación religiosa que en la étnica o la ideológica. Lo dijo célebremente Mile Budak, ministro de Educación del gobierno croata, "Las bases del movimiento ustasha son la religión. Para las minorías, como los serbios, judíos y gitanos, tenemos tres millones de balas. Mataremos a un tercio de la población serbia, deportaremos a otro tercio, y al resto lo convertiremos a la fe católica para que, de esta forma, queden asimilados a los croatas. Así destruiremos hasta el último rastro suyo, y todo lo que quede será una memoria aciaga de ellos..."
Las masacres perpetradas por los ustashas escandalizaron incluso a nazis y fascistas. Mientas los nazis idearon un sistema de exterminio digamos “discreto”, el genocidio en Croacia y Bosnia-Herzegovina se caracterizó por la ejecución públicas y muchas veces rituales celebrados con sádico y desenfrenado entusiasmo. Es por ello que este genocidio está tan bien documentado, ya que se conservaron un gran número de testimonios fotográficos de las atrocidades, Fotografías tomadas como “recuerdo” por los verdugos o por los medios de barbaridades como sesiones de tortura animadas por frenéticos espectadores, linchamientos, decapitaciones y hasta procesiones de cabezas clavadas en picas por las calles de Zagreb. Era “ como un fanatismo arcaico de épocas prehistóricas”, diría algún historiador. Reinhard Heydrich, sí, ni más ni menos que Reinhard Heydrich, la bestia rubia del holocausto nazi, manifestó su preocupación por la bestialidad de los beatos ustashas y temía que una represión tan brutal contra una población tan grande desembocase en un alzamiento armado. Los fascistas italianos llegaron a rescatar a un gran número de judíos y ortodoxos, negándose a devolver a la fanaticada croata para una muerte segura a los refugiados que llegaban a su zonas de control.
Una vez que terminó la guerra, prácticamente el cuerpo entero del gobierno ustasha encontró refugio en el Vaticano. Pavelic vivió un tiempo en un monasterio austriaco disfrazado de monje. Cuando se descubrió su paradero huyó a Roma en abril de 1946. Pronto, la inteligencia norteamericana descubrió algo que fue confirmado después. Pavelic se refugiaba en Castelgandolfo mismo, la residencia de verano de los papas, y tenía reuniones secretas con monseñor Montini, el Secretario de Estado del Vaticano y futuro papa Pablo VI. Allí se hospedaba junto con el exprimer ministro del gobierno nazi de Rumania. Más tarde Pavelic recibió en Roma un pasaporte español con el nombre de Pedro Gonner y escapó a Argentina en 1947. Ni más ni menos que el dictador Juan Domingo Perón empleó a Pavelic como su “consejero de seguridad” (Dios los hace…). Tras la Gran Revolución Libertadora que derrocó a Perón, Pavelic se escondió en la España franquista, donde murió en 1959. En su lecho de muerte recibió la bendición personal del S.S. elpapa Juan XXIII.
El que si fue apresado y juzgado fue el arzobispo Stepinac, aunque no salió del todo mal parado, a pesar de lo sórdido de sus andanzas durante la guerra. Fue condenado a dieciséis años de prisión en un juicio que contó con los testimonios de decenas de testigos que relataron las espeluznantes tropelías cometidas por clérigos católicos bajo el reino del terror ustasha. Pío XII excomulgó a los participantes en el juicio y consiguió de Tito la liberación del arzobispo al poco tiempo. ¿Mencioné ya que este misericordioso y dévoto servidor del Señor fue elevado a la categoría de beato por Juan Pablo II?
Ahhhhh porque hasta la fecha el Vaticano considera a Ante Pavelic como un hijo quizá ligeramente descarriado, pero que peleó a favor de la Iglesia Católica y aunque haya errado un poquitín en los medios, lo verdaderamente importante es entender la alta dignidad de cometido militante peleando contra los comunistas. En sus visitas a Croacia, S.S Juan Pablo II rehusó visitar en reiteradas ocasiones los sitios donde estuvieron funcionando los campos de concentración ustashas, prefiriendo recibir y ser recibido con honores por ex líder croata y negador del holocausto Franjo Tudjman, demagogo feroz que fue uno de los principales responsables de la cruentísima guerra civil yugoslava de los años noventa, digno heredero del infame Pavelic cuya memoria intentó rehabilitar.
Al repasar estos ominosos hechos no deja de indignar la insistencia que en su momento tuvo Juan Pablo II de santificar al llamado “Papa de Hitler” Pío XII, y también molesta sobremanera que hasta la fecha no haya una posición oficial del Vaticano respecto a la comprobada participación de la Iglesia Católica en estos ultrajes. Es una más de las disculpas que la hipocresía vaticana debe al mundo.
