El chaparrito Getulio (1.60 de estatura) con sus ademanes tranquilos, su paliacate rojo alrededor del cuello, su sombrero gaucho de alas largas y su monótona voz no práctico un culto a la personalidad tan delirante como lo hiciera casi todo el resto de nuestras sátrapas, pero su azarosa carrera política, que concluyó con su dramático suicidio en el palacio de Catete la madrugada del 24 de agosto de 1954, marcó una huella indeleble en la historia del Brasil. Actuó por veinte años como el gran articulador político de su país y fue el principal impulsor de un modelo populista que si bien tuvo consecuencias desastrosas para el largo plazo, sí inició la transformación del país amazónico de una nación rural agro-exportadora de café a otro urbano y en vías de industrialización. Hay que advertir, desde luego, que esta transición se experimentó en prácticamente todos los países de América Latina –populismo o no- y fue el resultado directo del envión que las economías regionales experimentaron gracias al alza de los precios en los mercados internacionales que las materias primas que exportaban experimentaron debido a la Segunda Guerra Mundial mucho más que de la adopción de determinado régimen político.
Getulio fue la cabeza de una dictadura inspirada en buena medida por los regímenes totalitarios que a la sazón imperaban en Portugal, España e Italia. Su denominado Estado Novo fue un experimento muy tropical de adaptar algo de corporativismo con mucho de clientelismo y no exento del culto al líder, que en el caso de Getulio fue bastante benigno. O Presidente no se endiosó como un “genio militar invencible”, o como el “Padre de los pueblos” o el “Gran timonel” y su dictadura, aunque represiva e intolerante contra todo tipo de oposición, no se puede comparar con los regímenes sanguinarios de un Stalin, un Mao o un Kim Il Sung. Su orientación política estaba completamente desideologizada, aunque estaba impregnaba una difusa retorica nacionalista, antiliberal y antioligárquica. En lo económico, sentó las bases para instalar en su país el fracasado modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones. En lo social impulsó una importante legislación de protección a los trabajadores y procuró sustentarse en una base de apoyo policlasista, con la participación de las clases medias y con el control de las nacientes organizaciones obreras.
Getulio era originario del estado ganadero de Rio Grande do Sul. Su padre, Evaristo Vargas, había sido un militar que participó en la Guerra del Paraguay 1870. En su juventud Vargas intentó ser militar, pero poco dotado físicamente para la carrera de las armas la abandonó para convertirse en abogado, iniciando su ejercicio profesional en la ciudad de Porto Alegre. En esta ciudad descubrió su poderosa vocación política. Desde el principio fue un superdotado para esta profesión. Tenía una naturaleza conciliadora, gran inteligencia y, sobre todo, un instinto político incomparable. Pronto se se convirtió en gobernador de su estado y poco más tarde, a finales de la década del 20, fue nombrado ministro de Hacienda del presidente Washington Luis, cargó al que dimitió en 1929 para presentarse como candidato a la Presidencia de la República en la fórmula organizada por el movimiento de la "Alianza Liberal". El movimiento era una plataforma electoral integrada por los sectores excluidos de la denominada "República del Café con Leche", mote con el cual se calificaba a los dueños del poder durante la República Velha: la oligarquía del café de São Paulo y la de los ganaderos de Minas Gerais.
Getulio fue ampliamente derrotado en las urnas, Pero al año siguiente sobrevino la Revolución de 1930, primer gran movimiento de dimensiones nacionales en Brasil, que y marcó un punto de ruptura entre dos épocas. La gran crisis internacional derivada de la quiebra de la Bolsa de Nueva York en 29 fue el factor determinante del levantamiento popular, debido a sus efectos devastadores sobre la economía del Brasil, dominada por la exportación del café. Así empezó un proceso para estimular la industrialización. Para impulsar estos cambios, Getulio Vargas, que había sido nombrado presidente provisional, se convierte en el gran organizador de una nueva alianza que impulsa el tránsito de un país predominantemente rural a otro urbano e industrializado.
El astuto comportamiento de Getulio en estos años le permitió acercarse al ejército nacional y ganar el apoyo de representantes de los sectores cafetaleros, que habían sido precisamente los expulsados del poder por efectos del triunfo de la Revolución de 1930. La actuación de Vargas en esta etapa es un ejemplo de su enorme capacidad como conciliador de intereses y de captación de la oportunidad para capitalizarlas para su propio beneficio. Getulio demostraba saber adaptarse a las circunstancias y ser un conciliador experto especializado en pactar y evitar a toda costa de crearse enemigos inútiles. Siempre había que sumar y sumar. Este fortalecimiento de su papel como árbitro supremo en una situación política altamente conflictiva coadyuvó normalmente a la personalización del poder, al grado que cuando la situación indefinida de Vargas como presidente provisional se ve sacudida por una rebelión en el estado de Sao Paulo en 1932, el presidente sale aún más fortalecido. Para superar las fracturas políticas y tratar de conciliar nuevamente al país, se convocan elecciones para formar una Asamblea Nacional Constituyente. El cuerpo deliberante tenía como finalidad darle piso jurídico a la Revolución del 30, lo que se consigue con la aprobación de la Constitución de 1934, un documento de inspiración democrática. Tras su promulgación, Getulio demuestra una vez más su habilidad política, y es designado por el Congreso para cubrir la presidencia hasta 1938.
Sin embargo, en los dos años siguientes se produce el colapso de las aspiraciones democráticas consagradas en la Constitución, azotada por movimientos tanto a la extrema izquierda como de la ultraderecha. La izquierda radical menospreciaba la fórmula democrática y procuraba una salida revolucionaria. A la derecha surgió un movimiento para fascista denominada "Acción Integralista Brasilera" (usaban para distinguirse una bonita camisa verde olivo) que en 1937 asumieron la vía insurreccional para intentar conquistar el poder y asaltan el Palacio Presidencial. Getulio resiste heroicamente la tentativa de putsch junto con su hija y unos pocos ayudantes hasta que llega el ejército y controla la situación, lo que fortalece su leyenda y lo instala definitivamente en el centro de la política nacional.
Para aplacar va la izquierda, Vargas emprende un amplio plan de reorganización y alineamiento del movimiento obrero, conocido como la "cuadratura sindical". Los sindicatos empiezan a ser organizados desde la cúpula del Ministerio del Trabajo siguiendo una estructura vertical, en la cual los diferentes gremio, como por ejemplo transporte, banqueros, maestros, etc., no podían tener la posibilidad de entenderse o comunicarse entre unos y otros. Por otra parte, los fondos económicos, productos de los ingresos del pago de un día de salario de los trabajadores y la justicia sindical integrada por un tribunal laboral se encontraban también controlados desde el Ministerio del Trabajo. Adicionalmente, surge una nueva figura en la estructura organizativa del sindicato: "el pelego". Éste era un dirigente designado de una manera "disfrazada", por el Ministerio del Trabajo, para dirigir los sindicatos y era escogido, por el Ministerio, de una terna previamente presentada por el sindicato Es así como con la creación vertical de un andamiaje autoritario y controlado desde el gobierno que el populismo varguista "mobilizou a massa trabalhadora para a conciencia de seu papel na hostória” Porque se suipone que, según sus panegiristas, la gran aportación del populismo fue que incrustó a la clase obrera en “la arena de la historia” "plebe unificada por una serie de demandas democráticas desatendidas por las instituciones, que proclama su carácter de Pueblo y reclama la construcción de una Nación". Pero si analizamos desapasionadamente el desarrollo del Estado Varguista y del peronista nos damos cuenta que esta aseveración es una falacia. Fue empleando la cuadratura sindical, el Estado varguista mantiene un papel fundamentalmente de desorganización política de la clase obrera al reprimir duramente a las vanguardias socialistas y anarquistas para utilizar a los obreros en la consolidación de su poder y en el establecimiento con el conjunto de las clases medias y burguesía industrial de un nuevo tipo de relación coordinada por el “Estado de compromiso” que Vargas dirige de manera paternal.
Muy lejos de constituir un paradigma democratizante y renovador de la política (como afirma Laclaú y repiten indecorosamente gente como Rafael Bielsa y su émulo Hernán Gómez), el populismo significó y significa totalitarismo y su cuyo verdadero padrino en la Historia de las ideas fue un cierto Carl Schmitt. Pero pese a haber sido abundantes, las lecciones ofrecidas por sangriento siglo XX parecen haber sido insuficientes. No confundir la legitimidad de las demandas populares ni a su capacidad institucionalizante con el aprovechamiento clientelista y la manipulación demagógica de los reclamos populares por una elite (una verdadera “oligarquía de los antioligarcas”) instalada en el poder y cuyos intereses son antidemocráticos, es decir: divergentes respecto de los de los ciudadanos que pretenden liderar, en vez de representar. Así, prácticamente sólo y sin contrapesos efectivos que le estorben, Vargas instaura su autoritarismo. Un día de de noviembre de 1937, a través de la radio en su programa, "La Hora del Brasil", se dirige al país para anunciarle la existencia de un complot comunista, el supuesto "Plan Cohen". El mismo había sido previamente "montado" por el Alto Mando Militar para justificar el autogolpe. Con este argumento, el gobernante entierra la Constitución de 1934, e implanta otra de tipo francamente autoritario, origen del llamado Estado Novo, inspirado por la España franquista el Estado Novo de Salazar, en Portugal, la cual es pretendidamente “corporativista”, pero que en realidad se basó en la debilidad institucional y en la centralización excesiva de la toma de decisiones y el culto a la personalidad del "chefe” Getulio mediante la utilización de un amplio sistema de propaganda controlado por el gobierno.
“Novos e melhores tempos para o povo”, prometió Getulio desde el primer momento. Por ello su culto se enfiló a la exaltación de un “grande homem” que básicamente era un bonachona, simpático, sonriente y amable, siempre rodeado de niños y trabajadores, constantemente inaugurando obras y promulgando buenas legislaciones sociales. Proyecto no al guerrero invencible, ni a un semi dios heleno, ni al impenetrable y enigmático favorito de la historia, sino a la placida y tranquila expresión de pequeño burgues que amaba el buen humor tan característico de su tierra “de boa digestao e conciencia bem pensante, pacifica consigo mesmo”. Como lo definió élebremente Fernando Hernrique Cardoso, Getulio “era antes um sibarita do que um aventureiro político”. Pero eso sí, se prodigó en la demagogia “muita demagogia” dedicada con fruición a los trabajadores que aclamaban a “Sua Majestade, o Presidente”, protector de los oprimidos y redentor de los asalariados, en las concentraciones masivas del 1 de mayo. Para consolidar esta imagen bonachona, el estilo de gobierno e Vargas desarrolló al máximo los ya para entonces conocidos medios empleados por los políticos demagógicos desde siempre, mismos que alcanzarían su máxima expresión en el populismo: aprovecharse de las ventajas del gobierno para ofrecer empleos, propinas, facilidades de toda naturaleza a sus amigos y aliados y a aquellas figuras, corporaciones o grupos sociales que le pueden ser útiles para la consecución de sus fines políticos en completo desprecio por la buena administración fiscal y por la necesidad de garantizar soluciones reales y de largo plazo a las necesidades del verdadero desarrollo económico. ¡Vaya con las aportaciones del populismo!
Pero una diferencia distinguió a Getulio del resto de los populistas contemporáneos suyos y posteriores: su estrecha alianza estratégica con Estados Unidos. Obligados por la guerra mundial, la potencia del Norte presiona a Getulio para permitirle establecer bases militares en la región del Nordeste de Brasil. En contrapartida, Vargas consiguió de Estados Unidos apoyos financieros para la sustentación del desarrollo de la industria pesada brasileña. Esta alianza sería un regalo envenenado para el dictador, ya que supone una paadoja: mientras mantiene dentro del país un régimen autoritario y restrictivo de las libertades públicas, en el exterior apoya de manera decidida la causa democrática en lucha frontal contra el totalitarismo. Obviamente, al terminar la Guerra, la situación se le complica mucho a Getulio al no poder mantener esta ilógico posición dual con relación a la democracia. El 29 de octubre de 1945, el Alto Mando Militar le obliga a separarse del cargo.
Vargas recurre entonces a su legendaria habilidad política. Despojado de la presidencia, se las ingenia para participar en las elecciones del 2 de diciembre de 1945. Se postula para senador, gana y de manera estratégica se aleja de la actividad política, viviendo en su estancia en San Borja (su Colombey-les-Deux-Eglises) Desde allí, a la manera de De Gaulle, sigue con cautela los acontecimientos políticos nacionales, y muy ocasionalmente se dirige al Congreso en Río de Janeiro, donde en largos discursos fija su posición crítica. En 1950 Vargas de nuevo las elecciones, pero Brasil había cambiado. Las contradicciones políticas son mucho más profundas y enconadas. Por eso Getulio fracasa al intentar establecer, en su estilo, un gobierno a conciliación nacional. Vargas se ve obligado a escoger con quien quiere aliarse. Para congraciarse con la izquierda, pretendía efectuar una amplia política de nacionalizaciones de las empresas básicas, estatizando la economía, lo que provoca una rabiosa reacción de la burguesía y el ejército. La crisis llega a su climax cuando el 5 de agosto de 1954 cuando pistoleros contratados por Gregorio Fortunato, el más antiguo y fiel de los guardaespaldas del Presidente Vargas, perpetran un atentado contra el líder opositor Carlos Lacerda, quien es herido en una pierna mientras muere su acompañante el mayor de la aviación, Rubén Vaz (este incidente es magistralmente descrito por el novelista Rubem Fonseca en su novela Agosto, altamente recomendable). Este era el pretexto que necesitaban los militares para sacar a Getulio del poder quien, exhausto y envejecido, se pega un tiro en el corazón la madrugada del 24 de agosto, dejando un país sumido en una grave crisis económica, atosigado por la inestabilidad social y la debilidad institucional de su incipiente democracia, ah, y una teatral carta de despedida que es uno de los más notables textos del populismo latinoamericano, todo un compendio de su demagógica parafernalia sentimentaloide. Léanla integra y lloren, si es que aún les quedan lágrimas:
"Una vez más las fuerzas y los intereses contrarios al pueblo se han unido y se han desencadenado sobre mí. No me acusan; me insultan, no me combaten, me calumnian, y no me conceden el derecho de defenderme. Necesitan ahogar mi voz, mi acción, para que no siga defendiendo, como siempre he defendido, al pueblo brasileño y principalmente a los humildes. Sigo el destino que me ha sido impuesto. Después de décadas de dominio y explotación de los grupos económicos y financieros internacionales, me erigí en jefe de una revolución y vencí. Inicié la tarea de liberación e instauré el régimen de libertad social. Tuve que renunciar. Puse el gobierno en manos del pueblo. Una campaña subterránea de los grupos internacionales se alió a grupos nacionales rebelados contra el régimen de garantías del trabajo. La ley sobre beneficios excesivos fue rechazada por el Congreso. Contra la justeza de la revisión de salarios mínimo se desencadenaron los odios. Quise crear una libertad nacional potenciando nuestras riquezas a través de Petrobrás, y apenas esta comenzó a funcionar aumentó la ola de agitaciones. Electrobras fue obstaculizada hasta la desesperación. No quieren que el trabajador sea libre. No quieren que el pueblo sea independiente.
Asumí el gobierno cuando la espiral inflacionaria destruía los frutos del trabajo. Los beneficios de las empresas extranjeras alcanzaban hasta el 500% anual. En las declaraciones de valores de lo que importábamos existían fraudes comprobados de más de 100 millones de dólares al año. Llegó la crisis del café y nuestro principal producto se devaluó. Intentamos defender su precio y la respuesta fue una violenta presión sobre nuestra economía hasta que se nos obligó a ceder.
He luchado mes tras mes, día tras día, hora tras hora, resistiéndome a una presión constante, incesante, soportándolo todo en silencio, olvidándolo todo, renunciando a mí mismo para defender al pueblo, que ahora queda desamparado. Nada más os puedo dar, a no ser mi sangre. Si las aves de rapiña quieren la sangre de alguien, quieren continuar desangrando al pueblo brasileño, yo ofrezco mi vida en holocausto. Elijo este camino para quedarme siempre con vosotros. Cuando os humillen, sentiréis mi alma sufriendo a vuestro lado. Cuando el hambre llamare a vuestra puerta, sentiréis en vuestro pecho la energía para luchar por vosotros y por vuestros hijos. Cuando os vilipendiaren, sentiréis en el pensamiento la fuerza para reaccionar. Mi sacrificio os mantendrá unidos y mi nombre será vuestra bandera de combate. Cada gota de mi sangre será una llama inmortal en vuestras conciencias y mantendrá una vibración sagrada para la resistencia. Al odio respondo con el perdón. Y a quienes piensan que me han derrotado les respondo con mi victoria. Era esclavo del pueblo y hoy me libero para la vida eterna. Pero este pueblo del que he sido esclavo ya jamás será esclavo de nadie. Mi sacrificio pertenecerá para siembre en su alma, y mi sangre será el precio de su rescate.
Luché contra la explotación de Brasil. Luché contra la expoliación del pueblo. He luchado a pecho descubierto. Al odio, las infamias, las calumnias, no abatirán mi ánimo. Os he dado mi vida. Evidentemente, con un acto tan teatral, Vargas servía a sus ideales y convertía su derrota en una victoria futura sobre sus enemigos.28 A partir de ese momento, se revierte el espíritu anti _ Vargas, y surgen con violencia las fuerzas ocultas movidas por el sentimiento emotivo del pueblo. El mismo día, la ciudad capital de Río de Janeiro tiene que ser patrullada por más de 12 mil hombres fuertemente armados.
Ahora os ofrezco mi muerte. Nada recibo. Serenamente doy el primer paso por el camino de la eternidad y salgo de la vida para entrar en la historia".